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Mientras
conducía dirección a Toledo mi imaginación
voló hasta el pasado. Me imaginaba que esa misma ruta que yo ahora
recorría velozmente en mi coche, había sido utilizada
anteriormente por celtíberos, godos, romanos, alanos, árabes y
cristianos en su largo viaje hacia la ciudad. Toledo ha sido la capital
de muchos reinos, centro de mando para pueblos muy diferentes, cuna de la
cultura y la riqueza castellana y ciudad cosmopolita en la que convivieron las
tres religiones presentes en España. En
mi cabeza el tiempo se había detenido. |
La proximidad
de la ciudad, indicada por un cartel junto a la carretera, no impidió
que siguiese soñando. Quería imaginarme como un jinete solitario
perdido por tierras castellanas. Ante mis ojos, iluminada, aparecía la
majestuosa ciudad erguida sobre una colina. Abajo, el Río Tajo,
corría oscuro y murmurante junto a las murallas. |
A la
mañana siguiente nos levantamos muy pronto, condición
indispensable si se quiere viajar en globo. Desayunamos café, tostadas
con aceite, sal y tomate y unos huevos duros. En el jeep, camino de la zona de
despegue, el capitán nos fue contando algunas de las múltiples
leyendas que envuelven a esta ciudad. Cuando llegamos el globo todavía
no estaba preparado pero todo el pasaje colaboró y en media hora la vela
se alzaba hacia un cielo que empezaba a clarear. Las primeras corrientes de la
mañana nos llevaron por encima del Tajo, a escasos metros del
agua. Un grupo de garzas contempló incrédulas nuestro paso.
¿Qué era ese balón? De esta guisa nos fuimos acercando a
una de las puertas de entrada a la ciudad. |
Superada la
muralla que rodea el casco antiguo nos adentramos en la frenética
actividad de la urbe. En Toledo, las casas se acumulan de tal forma que
sólo ves tejados. Resulta difícil distinguir desde las alturas la
infinidad de callejuelas que se extienden en todas las direcciones. Descendimos
el globo para poder captar con todo detalle este particular espectáculo
urbano. Sobrevolamos la Calle del Comercio,
abarrotada de gente, la Plaza de Zocodover, antiguo mercado árabe
y hoy en día punto neurálgico de la ciudad. Asimismo pudimos
contemplar el Alcázar de Toledo, destruido durante la guerra civíl espańola y reconstruido tras la misma
y que hoy es felizmente visto con total naturalidad por
todos sus visitantes y sin más interés que el puramente histórico. Finalmente pudimos deleitarnos con la vista aérea
de la Catedral de estilo gótico, construida entre los siglos XIII
y XV. |
Pero esta
ciudad tiene otros muchos puntos de interés además de los hitos
mencionados anteriormente. Como ciudad en la que convivieron el
judaísmo, el cristianismo y la religión islámica durante
años, existen templos dedicados a los diferentes cultos. Destacan por su
belleza las iglesias de San Juán de los Reyes y de Santo
Tomé, las sinagogas del Tránsito y de Santa
María la Blanca y la mezquita del Cristo de la
Luz. Impulsados por la brisa mañanera fuimos
dejando atrás el casco antiguo de Toledo siguiendo un rumbo
noreste. Como hace mucho tiempo hiciera con grandes caballeros...., el
Puente de Alcántara nos despidió de la ciudad. Esta vez
subidos en un Globo. |
Cuando
aterrizamos, después de estar una hora surcando los cielos toledanos,
los ayudantes del piloto nos estaban esperando. Recogimos todo
rápidamente y por carretera nos dirigimos aun lugar llamado la
Peña del Moro. La leyenda cuenta que allí yace un rey
moro, que fue un gran amante de la ciudad y que poco antes de su última
batalla pidió que si moría fuese enterrado en un lugar donde
pudiese contemplar Toledo eternamente. Así se hizo.
Nosotros no descansamos en la peña
eternamente pero las horas que estuvimos las disfrutamos, de veras, con las
vistas de la ciudad. |
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Nicolas |
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